domingo, 26 de abril de 2020

A propósito del Día Internacional de la Danza

PAUL VIRILIO. “El Cibermundo, la politica de lo peor”
Pág. 46-47. Ed. Cátedra. Madrid 1997
La cuestión del derecho de ciudadanía y de la pérdida de la Tierra son inseparables, para usted, de la del cuerpo propio, es decir, de un cuerpo situado en el espacio y en el tiempo. ¿Puede desarrollar este punto que me parece esencial?
La cuestión de la corporeidad nos toca a todos -utilizo la palabra “tocar" intencionadamente. Hay tres cuerpos que están indiscutiblemente ligados: el cuerpo territorial, es decir, el del planeta y la ecología, el cuerpo social y, finalmente, el cuerpo animal o humano. De ello se deriva la necesidad de recolocarse con relación al cuerpo, de recolocar el cuerpo con relación al otro -la cuestión del prójimo y de la alteridad-, pero también con relación a la Tierra, es decir, al mundo propio. No hay cuerpo propio sin mundo propio, sin situación. El cuerpo propio está situado con relación al otro, a la mujer, al amigo, al enemigo... aunque también está situado con relación al mundo propio. Es "aquí y ahora", hic et nunc, está in situ. Ser es estar presente aquí y ahora.
La cuestión de la telepresencia deslocaliza la posición, la situación del cuerpo. Todo el problema de la realidad virtual es, esencialmente, negar el hic el nunc, negar el "aquí" en beneficio del "ahora". Ya lo he dicho: ya no existe el aquí, todo es ahora! La reapropiación del cuerpo, para lo que la danza supone la resistencia máxima, no es simplemente un problema de coreografía sino un problema de sociografía, de relación con el otro, de relación con el mundo. De otro modo, es la locura, es decir, la pérdida del mundo y la pérdida del cuerpo. Los retrasos tecnológicos que provoca Ia telepresencia tratan de hacernos perder definitivamente el cuerpo propio en beneficio del amor inmoderado por el cuerpo virtual, por este espectro que aparece en el "extraño tragaluz" y en el "espacio de la realidad virtual". Ello entraña una considerable amenaza de pérdida del otro, el ocaso de la presencia física en beneficio de una presencia inmaterial y fantasmagórica.

Enlace al texto “El Cibermundo, la politica de lo peor”, de Paul Virilio: